
Olvidaos de las brujas de Salem, o las Jack O'Lanterns...
Agárrense, que vienen curvas.
Mi noche de Halloween ha sido una quedada femenina con mis viejas amigas
del instituto para ver el vídeo de la boda de la hermana de R.
(Ríete tú de Freddie Krueger) Ni la peli de Wes Craven me hubiera asustado tanto como el traje de los suegros y las cuñadas de los novios. No quiero ser cínica [el corte y la caída de los vestidos y trajes de algunos eran realmente buenos] pero ¿a quién se le ocurre quedar en casa una noche de fiesta para ver una boda? Eso asusta hasta a la más valiente... y no me digáis que no.
No me importa; de hecho, ya hemos visto tres vídeos en apenas dos semanas. He empezado a conectar con amigas que tenía de hacía tiempo y este ha sido el precio: me he encontrado con que todas están casadas o en vías de estarlo y se mueren de entusiasmo por comentar colecciones, tendencias, pronovias, rosas claras, jesuses del pozo, etc. ¡Caray, nenas, que tenemos veintipico y ya estáis todas más que cogidas!
¿Hacia dónde vamos? En ciudades pequeñas, la que tarda en encontrar la media naranja, o el panty gemelo, parece un bicho raro... y yo con mis amigas me siento así. Menos mal que en pleno "sí, quiero" beep beep mensaje de P, otro bicho raro como yo, que llamaba para tomar un café pendiente de hacía meses. Me ha reconfortado un poco quedar con él, ver su moto nueva e irnos al cine para ver la última de Scorsese.
Si no fuera por esas pequeñas locuras, estaría acordándome de mi maldita ciudad. ¿Quién me mandaría venir, si yo ya no pinto nada aquí? Pues una sonrisa, tres chistes, dos secretos y los amigos de toda la vida, junto a The Departed por ahora.
Pero, antes de despedirme, y al hilo de eso de pertenecer a una ciudad pequeña... aquí va un texto de Pérez Reverte que tengo que publicar porque a pesar de haber nacido en un lugar o precisamente por eso todos reivindicamos algo: Yo soy de Cartagena. ¿Y qué?
¿Y a mí qué me cuentan?. Quisiera que alguien me explique de una puñetera vez qué pretenden decir con esa murga de "es que yo soy de aquí, y no soy de allí" que le salta a uno a la cara cuando abre un periódico, o enchufa la tele, o el arradio. Porque, a ver. ¿Dónde diablos es aquí y dónde es allí? Y cuando se invoca un hecho diferencial como si fuese palabra mágica, ¿estamos hablando de diferencias con quién? Porque si de lo que se trata es de ser diferentes, el de arriba firmante es tanto como el que más. Y a la hora de plantear argumentos nacionalistas, paletismo local o factores raciales e históricos no estoy dispuesto a dejarme achantar por nadie. Puestos a ello, puedo ser tan poco español o tan cantamañanas como cualquiera.
Porque vamos a ver. Si de lo que se trata es de marcar paquete, diré que yo, por ejemplo, soy de Cartagena: una ciudad que tiene tres mil años de historia y que podría abastecer de solera a media Europa. Fue capital de la España cartaginesa, y capital de cada una de las cinco provincias romanas de Hispania. Mis antepasados eran griegos, fenicios y cartagineses; y cuando de jovencito me zambullía en el mar, sacaba ánforas que llevaban veinte siglos allá abajo, enfrente de mi casa. En cuanto a raza también soy distinto, porque mi RH positivo es mediterráneo, antiguo y sabio. Y puestos a eso, me siento más a gusto en un cafetín moruno de Tánger o bebiéndome un vaso de vino con aceitunas bajo una parra griega, que en la Gran Vía de Madrid, El Sardinero, Las Ramblas o la plaza mayor de Trujillo.
En cuanto a peripecias históricas, pues bueno. Mientras los comerciantes, los campesinos y la gente de la iglesia y de la paz se iban al interior - a Murcia- para esquivar las incursiones de los piratas berberiscos, mis architatarabuelos se quedaron en la costa a pelear. Y cuando la primera república, el Cantón de Cartagena se autodeterminó por las bravas, acuñó su propia moneda, poseyó su escuadra, y al aparecer las tropas centralistas no se desbandó como una manda de conejos, sino que resistió seis meses a cañonazo limpio. Y en lo que se refiere a lengua propia, cierto es que no hay una nacional cartagenera; pero los críos, antes de tener uso de razón, saben leer en las piedras inscripciones en latín.Y mucho podríamos discutir sobre si decir: "deme sinco sentímetros de sinta de senefa asul" o blasfemar con la barroca riqueza léxica del habla cartagenera no es un hecho diferencial lingüístico de cojones...
En cuanto a agravios, para qué les voy a contar. Hoy, Cartagena es una ciudad industrialmente desmantelada, deshecha por el paro, con menos alternativas que un bocadillo de mortadela en Ruanda. A los cartageneros no es que los hayan puteado histórica y sistemáticamente el gobierno central, las monarquías austriaca y borbónica, la dictadura franquista o los cien años de acrisolada honradez. A los cartageneros nos han hecho la puñeta la administración fenicia, la griega, la de Roma, la bizantina, los suevos, los vándalos, los alanos, los visigodos, el califato de Bagdad, el de Córdoba, el Cid Campeador, los reyes de Castilla, los de Aragón, Napoleón Bonaparte, el general Martínez Campos, la primera y la segunda repúblicas, y todo el que pasó por allí. Mis antepasados pagaron impuestos, palmaron en la Invencible, Trafalgar, Santiago de Cuba, Filipinas, Annual. Y a cambio, como el resto de los españoles, recibieron hostias hasta en el cielo de la boca. Cierto es que fueron cómplices y actores en empresas imperiales de la España centralista castellana. Pero cuando vas y abres los libros de historia, compruebas que en cualquier batalla de Flandes, en cualquier episodio colonial de América, en cualquier aventura española en Nápoles, Sicilia, norte de África o Constantinopla, los apellidos de los capitanes, soldados, marinos, comerciantes y frailes eran también, y no pocos, vascos, catalanes, gallegos, navarros, mallorquines y etcétera. En esta galera hemos remado todos, y a todos nos han dado infinitas veces por detrás y por delante. Aquí no hay víctimas de primera y de segunda clase, y sólo a los muy canallas o a los muy imbéciles se les ocurre trazar líneas divisorias con tan irresponsable arrogancia.
¿Diferentes? Claro que sí. No sólo van a serlo tres o cuatro chantajistas bocazas. Aquí todos tenemos motivos para piarlas, y cuando llueve se moja todo cristo. Así que, para diferencia, la mía y la de la madre que me parió.
A. Pérez Reverte sentando cátedra.
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